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Aequilibrium, los protagonistas. La fotografía de corzo y águila real – por Mario Bregaña

Tuve la suerte de aprender a leer el monte con mis mayores. Tanto mis abuelos, tíos y padres, padres si, los dos, fueron gente interesada en el saber de la natura. Cualquier descubrimiento de un animal poco visto, un comportamiento extraño, o simplemente la contemplación de cualquier forma de vida salvaje, eran cosas de las que se hablaba y se relataban como pequeñas hazañas, en las que un niño que aprende quiere participar.

De entre los seres silvestres, algunos por comunes (ay!), o por  vecinos habituales con los que cualquier día te encuentras, eran menos valorados, aunque sí, el conocimiento de sus querencias y detalles de su vida. Otros sin embargo, por escasos, por misteriosos o por impresionantes, se quedaron prendidos en lo más hondo de mi cerebro de lagarto como animales totémicos, casi míticos, que solo su avistamiento era capaz de cambiarte el humor y provocar una descarga de adrenalina, y el relato de las circunstancias del momento, del comportamiento del bicho, de ciertos detalles desconocidos que solo la proximidad permite apreciar, eran de por sí motivo de celebración y quizás, con suerte, pasar al acervo de las leyendas familiares, esas transmitidas de forma oral, al viejo estilo. Un gran honor conseguirlo. Entre estos animales estaba y está, como no, el águila real.

Han pasado muchos años pero mi curiosidad y admiración por la vida salvaje, sus entornos y ciclos, no ha disminuido nunca, al contrario, se afianzó de tal forma que es una de las partes que más aprecio de mi vida y en la que me encuentro mejor, “mi zona de confort” (Je!), mi refugio en realidad. Me hice fotógrafo, pesada carga que intenté compartir con otras aficiones, pero que ya desde hace años es la principal y casi única actividad que desarrollo con pasión en la naturaleza.

Es difícil describir la satisfacción que se siente cuando se consigue una foto que roba al tiempo ese instante irrepetible, ese gesto desconocido, que consigue, o intenta, mostrar esa belleza atávica que acompaña al animal salvaje y libre. Como una quimera, siempre hay una foto mejor, una luz diferente…

Respecto al corzo, nunca desapareció en las grandes masas forestales del pre-Pirineo navarro, de donde procedo, aunque era un auténtico fantasma, escaso y casi invisible, siempre refugiado en lo más profundo del bosque. Después, con su expansión, con su pérdida de aquel sobrenombre de “duende del bosque”, lo he visto colonizar la media montaña, las tierras de labor, los sotos de los ríos y hasta los páramos más inhóspitos de la Ribera. Siempre me gustó por su innegable estética, su agilidad, su descaro, y por algo más que sería largo describir. Le dediqué mucho tiempo y ya es un viejo amigo, que aunque sigo menos, siempre está ahí para regalarme una pose, un salto o una silueta.

Pues metiendo al puchero estos inmejorables ingredientes, águila real y corzo, dos de mis animales tótem, surge como por ensalmo este ambicioso proyecto al que bautizamos Aequilibrium, con tanto acierto según mi opinión. Son pocas las ocasiones en la vida en que uno está desde el principio en un asunto y puede observar y participar en la metamorfosis de lo que fue una idea, una ilusión, a un proyecto ambicioso, inédito, serio y de gran interés y participación.

Ahora mismo, con la climatología más dura del año, las parejas de águilas renuevan sus votos. Comienzan a cortejarse, volar juntas, y pensar en cuál de sus plataformas harán su intento de cría. El verdadero sentido de la vida, la perpetuación de la estirpe, de la especie al fin y al cabo. Allí estaremos, tanto como podamos, contemplando el maravilloso espectáculo, y haciendo alguna foto.

Dejaremos para otra entrada la enorme suerte añadida que tuvo el encaje del equipo humano que lo lleva a cabo, la perfecta química surgida desde el comienzo, y la enorme pasión, profesionalidad y capacidad de sacrificio que ha demostrado con creces ya para estas alturas. Un abrazo cariñoso y de ánimos para todos ellos. Lo mejor está por llegar.

Pongo unas fotos de los protagonistas de nuestros desvelos y alguna de sus vecinos. Espero que os gusten.

 

 

Saludos y hasta pronto.

Mario Bregaña