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ÁGUILAS REALES y ZORROS: ENEMIGOS ETERNOS – por Enrique Navarro

Las interacciones que se producen entre diversas especies de predadores ibéricos, ya sean aves o mamíferos, pueden ser muy variadas, y dependen claramente del escalafón que ocupan dentro de la compleja cadena trófica del ecosistema en que realicemos el estudio en cuestión. Desde el Proyecto “AEQUILIBRIUM” queremos ofrecerles nuevos datos muy reveladores sobre la complicada relación que, desde siempre, han establecido dos especies silvestres muy singulares: por un lado la protagonista alada de nuestro estudio, el águila real mediterránea (Aquila chrysaetos homeyeri) y de otro el astuto y perseguido “maese raposo”, nuestro zorro europeo (Vulpes vulpes).

Y dicha relación es, ciertamente, de inestimable importancia a la hora de ayudar al control poblacional de una especie (el zorro) de tan controvertida gestión y objeto de multitud de estudios científicos sobre sus densidades poblacionales. El carácter de superpredador que ocupa el Águila real dentro de los diferentes ecosistemas que ocupa en su distribución ibérica, la situaría claramente como la “ganadora” cada vez que ambas especies coincidieran en tiempo y espacio, siendo muchos los ejemplos ya divulgados de lances de caza hacia zorros, tanto de manera intimidatoria como con intención certera de ser abatidos y predados. Pero como veremos en este post, no siempre esta es la ecuación correcta…

La intensa monitorización de los territorios reproductores de águila real que realizamos en el contexto del Proyecto “AEQUILIBRIUM” nos ha permitido documentar, de manera muy detallada,  diferentes ESCENARIOS en los que águilas reales y zorros interactúan, pudiéndose diferenciar estos dos periodos estacionales:

ÉPOCA INVERNAL- En busca de carroña.

Podemos asegurar, después de dos temporadas de seguimiento intensivo de los aportes de presas a los nidos de águila real, que las águilas reales sometidas a estudio tan sólo realizan consumo habitual de carroñas con la llegada de los fríos; es decir, las carencias  alimenticias que provoca el invierno hace que, al producirse el hallazgo de una carcasa, el elenco de especies que puedan acceder a dicha carcasa sea muy variado, aumentando mucho la posibilidad de en un encuentro entre águilas reales y zorros. Fuera de la época invernal, de avistarse algún águila real cerca de una carroña, se tratará (con mucha seguridad) de un ejemplar juvenil en plena dispersión y al límite de fuerzas (por ausencia de presas, debilidad, etc…). Pero los ejemplares territoriales (ya sean adultos o inmaduros) desdeñarán la carne putrefacta al sol y consumirán tan sólo presas cazadas por ellos mismos.

Está claro que el zorro, de espectro alimenticio sumamente variado, acudirá a escudriñar cualquier buitrada o reclamo de córvidos que delaten la presencia de una carroña y, a diferencia del águila, no le importará la época del año en que este hecho se produzca, por muy podrida que dicha carcasa se encuentre. Y de tal modo, ante la presencia de córvidos, milanos o buitres, el raposo les increpará hasta conseguir algún bocado, con poco riesgo para su integridad física.

Con la llegada de los fríos, ante la aparición de una carcasa en el monte (bien de manera fortuita o bien por la colocación intencionada de dicha carcasa como atrayente para la captura fotográfica en el contexto de hides fotográficos), el encuentro entre la reina de las aves y el reposo será más que probable. Y es que en la época invernal, las carcasas expuestas a la intemperie, con las habituales heladas nocturnas hacen que las águilas reales, ante la visión desde el aire de roja y fresca carne, sí descenderán para apoderarse del preciado aporte proteico y llenar sus buches. Es muy habitual el registrar, mediante cámaras de fototrampeo, la variedad de especies que acuden al reclamo, y cabe destacar cómo, en esta época del año, los zorros registrados por las cámaras que acuden a puntos fijos de aporte de carcasas suelen tratarse de viejos machos, de grupas ya canas y colmillos redondeados, y en un alto porcentaje todos ellos presentan desmesuradas cicatrices faciales, que nos atreveríamos a aventurar cómo, muchas de ellas, serían huellas de anteriores encuentros con las águilas reales.

Pero de producirse una coincidencia horaria, el encuentro entre la reina de las aves y el raposo suele resultar violento y será en este contexto cuando, de haber cerca un zorro, sufrirá la ira del ave ante la ofensa de pretender disputarle el sustento. He aquí varias instantáneas aportadas por afamados fotógrafos de naturaleza que testimonian dichos encuentros:

ÉPOCA REPRODUCTORA- Aportes de presas y pérdidas en nido.

Con el nacimiento, casi sincrónico, de los pollos de águila real y de los zorreznos en sus madrigueras, los aportes alimenticios que los progenitores de ambas especies han de realizar para sus respectivas proles son sumamente cuantiosos, y constituyen la principal actividad de ambas especies. Durante nuestros accesos a las plataformas de cría para el marcaje de los pollos y colocación de las EFT, algunas despensas que encontramos en los nidos de águila real suelen presentar restos del malogrado cánido, casi siempre con patrones de edad coincidentes con individuos juveniles y subadultos.

Incluso en las imágenes obtenidas desde las EFT (Estaciones de Foto Trampeo), hemos podido registrar el aporte de zorros. He aquí una secuencia de la llegada de un adulto con un ejemplar subadulto (cabeza y cuartos delanteros):

Pero como decíamos al principio de este post, no siempre la ecuación resulta ventajosa para las águilas reales. Esta temporada 2018 hemos podido documentar cómo, en un nido bastante expuesto y de fácil acceso (antigua repisa de cría de búhos reales en donde las águilas construyeron una plataforma de cría), el zorro realizaba habituales rondas nocturnas para apoderarse de las despensas de presas aportadas por las águilas a los pollos. Tras el marcaje del único pollo superviviente (de una puesta de 2) y la instalación de una EFT, la cámara pudo registrar cómo en una de las noches de ronda del raposo, incluso con la presencia de uno de los adultos en el nido, el zorro  acabó con la vida del pollo (ya casi volantón). He aquí la secuencia de tal desenlace:

Por último, y como escenario final de nuestros registros de interacción águilas-zorros, os mostramos cómo una vez los pollos han abandonado las plataformas de cría, siendo totalmente volantones pero inexpertos a la hora de cazar, continúan dependiendo de sus progenitores y les reclaman comida desde lugares específicos de las inmediaciones de los nidos, siendo estos lugares las denominadas “repisas de ceba”. En dichos enclaves, los despojos de la presas aprovisionadas por los adultos de águila real vuelven a convertirse en lugares de conflicto.

Webcam Nido Águila real

Tras lo aquí presentado, pretendemos dar una visión de la complejidad existente en el difícil equilibrio de las poblaciones silvestres, ya no sólo entre los predadores y sus presas habituales, sino de la importancia que supone que las cadenas tróficas se encuentren perfectamente representadas (biodiversidad elevada), y cómo la perdida de eslabones clave (como es el de los superpredadores), puede acarrear el descontrol de otros eslabones inferiores (predadores  generalistas), haciéndose necesarias intervenciones antrópicas de ajustes poblacionales, no siempre acertadas. De este modo, la presencia de un territorio reproductor de Águila real plenamente establecido y con condiciones de tranquilidad y disponibilidad de presas ayudará enormemente a conseguir dicho equilibrio natural.