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FIN DE LA TEMPORADA DE CRÍA DE LAS REALES – por Pablo Ortega

Tocando ya a su fin la temporada de cría de las reales, ha llegado el momento de confirmar el estado de desarrollo de los pollos de los nidos en los que este año se han instalado cámaras de fototrampeo. Para proceder a su retirada, que es la fase final de esta etapa del Proyecto Aequilibrium, hay que comprobar si aquellos ya han abandonado la plataforma en que nacieron. Descender antes de tiempo implicaría forzarles a un vuelo prematuro, lo que en todo caso debe evitarse.

Hoy, sin otra compañía que la de mi perro, me propongo realizar esta misión de control en un nido soriano. Se logre o no divisar a los pollos y se muestre o no en el alto cielo alguno de los adultos, hay paisajes cuya contemplación justifica por sí misma haber dejado la cama aún a oscuras.

En esta ocasión, sin embargo, la jornada ha sido productiva: Uxama, la hembra nacida en 2017 en el nido soriano que hoy ha sido objeto de prospección por mi parte, ha mostrado ante mi asombrada mirada sus ya muy desarrolladas capacidades de vuelo, arrancando y ganando altura nada más irrumpir el intruso en las cercanías de su nido.

De vuelta a casa, satisfecho con el resultado de la misión, comunico la novedad al equipo, con objeto de organizar la inmediata retirada de las cámaras (dos en este caso, una en modo vídeo y la otra en el de fotografía), y me siento ante el ordenador para hacer una pequeña reseña de la jornada. Al ir a hacerlo, me viene a la memoria una lectura de aquellas reiteradamente frecuentadas. Abro el libro, que casualmente tengo a mano, y encuentro que alguien, de categoría incomparable con la de uno, ya expresó hace más de un siglo lo que yo, mucho más torpemente, querría ahora poner en palabras. Embargado por la misteriosa sensación de una comunión de experiencias y sensaciones que trasciende al tiempo, me limito a la mera transcripción de lo que don Antonio Machado escribiera:

Mediaba el mes de julio. Era un hermoso día.

Yo, solo, por las quiebras del pedregal subía,

buscando los recodos de sombra, lentamente.

A trechos, me paraba para enjugar mi frente

Y dar algún respiro al pecho jadeante;

O bien, ahincando el paso, el cuerpo hacia adelante

Y hacia la mano diestra vencido y apoyado

En un bastón, a guisa de pastoril cayado,

trepaba por los cerros que habitan las rapaces

aves de altura, hollando las hierbas montaraces

de fuerte olor –romero, tomillo, salvia, espliego–.

Sobre los agrios campos caía un sol de fuego.

Un buitre de anchas alas con majestuoso vuelo

cruzaba solitario el puro azul del cielo…