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RELATO DE UNA JORNADA DE MARCAJE – por Javier Gamonal

Un día cualquiera de principios del mes de junio…. Preparativos del protocolo de trabajo y comienzo del periplo……

Despunta el día parcialmente nublado mientras nos adentramos por pistas que cada vez se hacen más intransitables a través de la soriana sierra de Pela.

Equipo de escalada al hombro y todo el material necesario para llevar a cabo el marcaje de un nuevo pollo. Contamos en esta ocasión con la inestimable ayuda del excepcional equipo formado por los AAFF del Grupo de Intervención en Altura de Soria GRIA-SO.

Caminamos por senderos y trochas hasta situarnos en lo alto de un desfiladero de belleza excepcional que se extiende como un vergel escondido en un entorno kárstico de terrenos pedregosos de brutal soledad, atenuada por coronas de buitres leonados y salpicados por carrascas, chaparros y enebros diseminados.

El aire a nuestro paso llega cargado de aromas de monte entre un silencio roto por el áspero sonido de alerta de currucas y los silbidos cortos de los colirrojos con sus nerviosos movimientos oscilantes de la cola….., Las chovas vuelan cerca de las paredes de roca dibujando quiebros y giros imposibles mientras emiten su característico reclamo penetrante y metálico. ….

Nos aproximamos con cautela hasta el borde del cortado situado en medio del impresionante cañón que sirve de decorado a un nido que previamente fue vigilado a larga distancia durante jornadas precedentes que nos habían permitido certificar el éxito reproductor de la pareja de águilas reales que lo regenta, así como el proceso de desarrollo de su descendiente.

Tras los preparativos para el descenso a la plataforma, se pone en marcha el operativo para acceder al único pollo que espera desafiante desplegando sus aún cortas alas mientras uno de los adultos, la hembra en esta ocasión, sobrevuela los impresionantes cortados seguramente preocupada por el destino de su retoño…

Ascendemos al pollo en la bolsa de transporte provisto de la caperuza que paliará en cierto modo su tensión durante el manejo  para el marcaje y toma de muestras,  conscientes de profanar su tranquilidad durante un breve espacio de tiempo, pero a sabiendas de que nos aportará valiosa información sobre su biología que podrá ser aplicada en su propio beneficio.

Durante el manejo certificamos que en esta ocasión se trata de una preciosa hembra que ronda los 45 días de edad y pesa algo más de 3 kilos y medio y que bautizamos con el nombre de Uxama, como tributo a la cercana villa de origen celtíbero que data de hace más de 2000 años.

Parte del equipo aprovecha durante el proceso de anillamiento para la colocación cercana a la plataforma del nido de una cámara de fototrampeo que permanecerá instalada hasta que el pollo abandone el nido y a buen seguro nos revelará facetas de su etología y contribuirá de manera definitiva al conocimiento de la dieta de nuestras águilas reales.

 

 

Tras la toma de biometrías y muestras, procedemos a retornar al pequeño a su nido, en cierto modo atónito por la experiencia pero aparentemente tranquilo por la vuelta a su entramado de ramas que le resulta tan conocido.

Recogemos todo el material intentando que la huella de nuestra intervención pase totalmente desapercibida y nos alejamos con la certeza de que en breve sus progenitores acudirán  con alguna presa que le hará olvidar rápidamente nuestra intromisión.

 

Deshacemos nuestros pasos casi sin hablar, casi sin mirarnos… pero con una amplia sonrisa y la sensación de un trabajo bien hecho.